La Bretaña 17. Le Mont Saint Michel.

Día 4 de agosto.

A partir de este día no sé qué pasó con mis notas del viaje, quizás el embrujo, bueno esto suena muy del sur, mejor la magia de “Le Mont” me hizo olvidarme de ellas, quizás las borré en algún momento, quizás… lo cierto es que a partir de aquí tendré que tirar de memoria y con la ayuda de las fotos y de la hoja de ruta, donde sí que tengo anotados kilómetros, horas y gastos, reconstruir el resto del viaje.

Nos despedimos del vecino valenciano y nos encaminamos hacia el gran monumento normando, el tercero más visitado de Francia tras la Torre Eiffel y el Palacio de Versalles. En el inexpugnable islote amurallado se encuentra el pueblo en la ladera sur y varios edificios religiosos y todo coronado por la gran abadía benedictina. Tras la iglesia mandada construir por Aubert, obispo de Avranches, se construyó una iglesia pre-románica, después la abadía románica y es en el siglo XIII cuando se construye en la cima del peñasco granítico el conjunto gótico, “La Maravilla”, dos edificios de tres pisos coronados por el refectorio y el claustro, aunque se han realizado modificaciones hasta el siglo XVIII.

Pero más impresionante si cabe son las mareas de la bahía de Saint Michel, puede subir hasta quince metros y cuando se retira o sube lo hace de forma rápida en hasta diez kilómetros. En la actualidad las mareas se han reducido por la construcción de la carretera que une el islote al continente por lo que esta se sustituirá por un puente y ya se está ejecutando el desarenado y la eliminación del aparcamiento, aunque todo esto lo están convirtiendo en un gran negocio.

Hoy el camino al autobús se nos hace más corto, conforme nos acercamos nos vamos sobrecogiendo y tengo que hacer fotos y más fotos. Entramos por la pasarela que ahora no está inundada, hacemos la visita de rigor a la oficina de turismo.

Subimos a las murallas y empezamos la ascensión por la abarrotada calle principal “Grande Rue”, tiendas y más tiendas, bares y más bares, gente y más gente. Nos encontramos a las familias catalanas que van de vuelta porque ya se marchan, nos despedimos de ellos y continuamos la subida. Llegamos hasta la pequeña iglesia parroquial de San Pedro en la que llaman la atención las velas de colores, hacemos una parada técnica y volvemos a la visita.

La visita a la abadía me resulta interesantísima y espectacular, especialmente por esta construcción de tres pisos en la cima del peñasco y sobre todo el maravilloso claustro. Quizás mi vocación era la de fraile porque cada vez que visito un claustro me resulta precioso. Pero la visita tiene muchos pequeños detalles que me resultan interesantes, desde la gigantesca rueda para subir materiales, supongo piedras para la construcción, las inmensas chimeneas, el comedor con una especie de púlpito para el lector, el cristal al abismo desde el claustro con una vista preciosa.

Acabada la visita es hora de merendar y por supuesto las niñas quieren crepes y yo aprovecho para probar los gofres franceses y la verdad que merecen la pena.

En una de las últimas tiendas no vemos en la obligación de comprar un arco con tres flechas que sería el protagonista de muchos ratos del resto del viaje.

Salimos a coger el autobús, cuando nos bajamos volvemos a pararnos y volver a contemplar “La Maravilla de Occidente”, volvemos a hacer algunas fotos hasta que conseguimos romper el magnetismo que nos atrae a este lugar y ponernos en marcha.
En menos de una hora estamos en Fougeres, aparcamos en un área junto al castillo que está casi completa pero cogemos un sitio en la entrada junto a la plataforma de vaciado.


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Datos día 17

4/08
Acumulado
Kilómetros
47
2727
Tiempo de viaje
0:52
48:19
Gas-oil
0 €
378.88 €
Peajes
0 €
61.52 €
Camping-Áreas
25 €
182.71 €











Pernoctas y parkings
Área Fougeres
48.355244
-1.211125